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Recordando a nuestros hijos
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Un Dolor Especial
“Cuando muere un padre, has perdido tu pasado. Cuando muere un niño, has perdido tu futuro.”
“Todas las cosas vivientes tienen ciclos de vida. Hay un comienzo y un final para todo lo que está vivo. Y en el medio hay un vivir.”
Estas palabras conmovedoras vienen de “Ciclos de Vida: Una bella manera de explicar la Muerte a los Niños” (Lifetimes: A Beautiful way to explain Death to children) de Bryan Mellonie y Robert Ingpen, un hermoso libro que ofrece a padres y niños una sabiduría simple, que a veces las cosas salen mal por culpa de la enfermedad, heridas, o edad, y las plantas y las criaturas e incluso los niños mueren…
No importa la duración de la vida del niño o de su enfermedad, ésta es su única vida, digna de ser honrada y celebrada aún en medio de la pena cuando mueren tan jóvenes. La muerte de un bebé o un niño pequeño es un tipo de dolor especial, uno sobre el cual no es fácil hablar con familiares o amigos, en público ni en privado. Sin embargo este dolor profundo cuando un niño muere tiene un impacto duradero en aquellos que se prepararon con esperanza y amor para recibir la llegada de este niño especial. Estas breves vidas dejan un vacío enorme, un espacio vacío en el corazón que sobrevive. Como compañeros en este viaje de la vida necesitamos extender nuestra presencia y ayudar a aquellos que han sufrido esta tragedia.
No hay nada que realmente prepare a los padres para la muerte anticipada o real de un niño ¿Quién estará allí a su lado para procesar las noticias, para escuchar sus expresiones de shock y miedo? ¿Quién se tomará el tiempo de escucharlos, de estar allí en silencio con ellos mientras hacen el duelo por las esperanzas y sueños de una vida que ellos imaginaron con su niño? ¿Quién estará allí para ayudarlos a decir “adios” cuando lo que ellos habían planeado decir fue “bienvenido/a a nuestra familia”? Podría ser un amigo, un esposo, un familiar; podría ser usted.
“Así como la desesperanza puede llegar a nuestras vidas sólo por otros seres humanos, la Esperanza sólo puede llegar a nuestras vidas por otros seres humanos.” Eli Weisel
Cuando un niño muere hay cosas que hacemos para aliviar el aislamiento y las emociones paralizantes experimentadas por padres y familiares. Podemos comenzar por expresar nuestra sincera empatía con su dolor, antes que simplemente no hacer nada debido a nuestra propia tensión e incomodidad. Podemos organizar comidas, sitters, etc. que ayuden a los padres en duelo con las obligaciones diarias, a medida que intentan recobrar un sentido de balance y una nueva “normalidad.”
Los padres en duelo a menudo se encuentran aislados porque los amigos no sienten que pueden “manejar” el dolor y la tristeza. Imagine thinking our discomfort comes close to what parents feel. Simplemente esté allí. Aún el silencio junto a ellos, expresa preocupación y cuidado profundos, una voluntad de tolerar la incomodidad en su beneficio. Cuando nos ayudamos los unos a los otros a soportar las cargas de la vida, el dolor se aligera.
Recuerde que la pena no tiene tiempo límite.
El mundo regresa a su rutina tan rápidamente y a un ritmo muy distinto al cual la mayoría de los padres y familiares se pueden ajustar. El trabajo, la familia, la comunidad y la iglesia deben esforzarse en trabajar para crear una red de seguridad alrededor de esta frágil familia en duelo, mientras que ellos lentamente se reconectan con la vida a su alrededor de una manera distinta. Cosas trágicas pueden sucederle a cualquiera, y a todos nos beneficia haber extendido una mano a aquellos que las experimentan antes o después de nosotros. Extienda su presencia—ellos cuentan con que usted esté allí cuando ellos caen para ayudarlos a levantarse.
Artículo contribuído por Liz Sumner, RN BSN
Children's Hospice & Palliative Care Coalition www.ChildrensHospice.Org
Traducido por Silvia Austerlic de Hospice Caring Project
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