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Recordando a nuestros hijos
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Un Caleidoscopio de Sentimientos
“Siento que he estado en una montaña rusa emocional desde que mi hijo murió. Ya no sé más qué estoy sintiendo. Mis estados de ánimo y sentimientos cambian día a día—a veces minuto a minuto. ¿Es esto normal?”
La muerte de un ser querido despierta muchos sentimientos. Algunos de los sentimientos del pesar más comunes son:
Shock y negación. Nos decimos a nosotros mismos cosas como: “¡Esto no puede ser real!” “¡Cosas como éstas no suelen pasarle a gente como yo!” “No puedo creer que mi hijo murió!” Es como si simplemente no podemos aceptar que una cosa tan terrible como la muerte de alguien a quien amamos tan profundamente haya de hecho sucedido. Tal vez intentemos protegernos psicológicamente evitando tomar contacto con la realidad del evento, y poniendo paredes entre nosotros y el mundo exterior. Por ejemplo, muchos de nosotros sentimos haber cerrado las ventanas y las puertas al resto del mundo, y pretendemos que dicha muerte nunca sucedió.
Enojo y Cólera. Nos decimos a nosotros cosas como: “¡¿Por qué a mí?!” “¡¿Por qué a mi niño o niña?!” “¡¿Por qué a nuestra familia?!” A menudo, es como si intentáramos desquitar nuestro dolor con otras personas. El mundo parece un lugar insensible en el cual una cosa tan fea ha sucedido. Puede ser que veamos el mundo como un lugar horrible y cruel. Puede ser que estemos enojados con Dios por haber permitido que esto sucediera. Hay dos maneras extremas en que el enojo se puede manifestar. Podemos desquitarnos con otras personas, lo cual a veces lleva a comportamiento violento. O podemos enojarnos con nosotros mismos, lo cual se puede volver depresión y pensamientos suicidas. Es importante conseguir ayuda antes de que nuestro enojo nos lleve a herirnos a nosotros o a los demás. (Ver el artículo “Cuándo conseguir ayuda” en esta sección.)
Culpa y Reproche. Nos decimos a nosotros cosas como: “¿Qué hice o en qué fallé para causar esta tragedia?” “Por qué no fui capaz de proteger a mi hijo o hija y así prevenir su muerte?” Muchos de nosotros nos reprochamos “no haber hecho lo suficiente” por nuestro hijo. Nos cuestionamos si fuimos buenos padres, nos preguntamos si podríamos haber tomado mejores decisiones. Nos culpamos por cada pequeño error que cometimos en la manera que tratamos a nuestro niño. O: Culpamos a otros: “¿Quién es el que provocó esta situación—algún doctor u otro proveedor de salud, un hospital u otra institución, algún extraño insensible o incompetente, o tal vez un Dios cruel?” Después de todo, cuando cosas malas suceden, ¿no es siempre la responsabilidad de alguien o de algo?
Muchos de nosotros nos sentimos culpables por el tipo de padres que hemos sido, y tratamos de culpar a alguien o algo por la pérdida de nuestro precioso hijo o hija. Casi todos los padres que han perdido un hijo se cuestionan si fueron “buenos padres.” Cuestionar nuestra competencia como padres es evidencia de que fuimos—y somos—buenos padres. La mayoría del tiempo, nuestros sentimientos de culpa y reproche son en realidad motivados por el amor a nuestro hijo. En realidad, estamos buscando respuestas para preguntas que no tienen respuesta, tratando de encontrarle el sentido a algo que no tiene sentido. Sin embargo, cuando nuestra culta es tan intensa que nos causa más y más dolor, cuando nuestro reproche se transforma en resentimiento, ira y auto-castigo, tenems que considerar conseguir ayuda. Lleva un montón de tiempo y lágrimas, pero con apoyo muchos de nosotros hemos sido capaces de superar la pérdida y salir adelante, dejando atrás la culpa y el reproche. Es posible y es curativo.
Tristeza y Soledad. Nos decimos a nosotros cosas como: “Me siento terrible, simplemente miserable.” “Estoy agobiado por esta pérdida irreparable y no sé que hacer.” Especialmente a medida que el tiempo pasa, agregamos: “Extraño tanto a mi niño.” “Me siento tan solo.” “Mi niño era el centro de mi vida, y ahora es como si me hubieran arrancado el corazón.” La pérdida es muy difícil de sobrellevar y la muerte de un niño a menudo está acompañada de otras pérdidas que afectan cada aspecto de nuestras vidas. Afecta nuestra rutina cotidiana, cómo actuamos, y quiénes somos en el mundo. Por ejemplo, cómo respondemos a una pregunta simple como “¿Cuántos hijos tiene?” (Ver el artículo “¿Cuántos hijos tengo ahora?”)
Estos y muchos otros sentimientos son comunes en padres que han sufrido la pérdida de un hijo o hija, aunque cada persona experimenta los sentimientos en formas diferentes, y siente cosas diferentes en diferentes momentos. No hay emociones ni etapas específicas que todo padre necesita, debe, o va a experimentar. La experiencia personal del duelo y la aflicción de cada persona es única. Por ejemplo, su pareja puede sentir querer cerrar las ventanas y puertas, y aislarse en su dolor. Usted puede sentir la necesidad de comenzar a superar el dolor, salir adelante, y estar con otras personas. Ninguno de los dos “tiene la razón” ni “está equivocado”. Sus sentimientos pueden y probablemente van a cambiar. La semana próxima, tal vez él quiera salir y usted tal vez quiera quedarse en casa. Es importante entender que todos procesamos las pérdidas en forma distinta. Evite culparse a usted mismo o a sus seres queridos por su propio dolor, y déles a los otros la misma libertad.
Entonces, ¿cómo debería usted contemplar el caleidoscopio de sentimientos que puede haber estado experimentando desde la muerte de su niño? Piénselo de esta manera: Usted no estaría teniendo estos sentimientos si no hubiera amado a su niño. Todas las emociones del pesar y el duelo, difíciles de aceptar ahora y en el futuro, son en realidad expresión del cuidado y amor por su niño.
¿Hay alguna limitación en la manera en que usted podría experimentar o expresar sus sentimientos? Sí: No se permita llegar al extremo de causarse daño a usted mismo o herir a los demás.
Más allá de eso, muchos de nosotros nos hemos sorprendido por la intensidad, el cambio de carácter, y la mezcla de sentimientos que nos ha provocado el duelo. Todo eso nos muestra que dichos sentimientos son experiencia de vida inusuales, pero no anormales.
Lo que es “normal” para usted es cualquier sentimiento apropiado para su pérdida. ¡Honre su propio pesar!
Artículo contribuido por Charles A. Corr, Ph.D., CT. El Dr. Corr es un miembro de ChiPPS (Projecto de Servicios Paliativos/Hospitalarios para Niños), Leadership Advisory Council of the National Hospice and Palliative Care Organization, Co-Director de su Gupo de Trabajo Educational, y un voluntario de Hospice of the Florida Suncoast. Ha publicado extensamente sobre temas relacionados con el morir y la muerte, la pérdida,y el duelo en los niños, adolescents, y adultos.
Traducido por Silvia Austerlic de Hospice Caring Project
Children's Hospice & Palliative Care Coalition www.Childrenshospice.org
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